MI AMIGO EL MIEDO

tocan nuevos retos

Si juntas lesión medular + tiempo para mirarte el ombligo = ¿qué pasa?.

Yo ya sabía cómo es eso de que, de repente, el mundo se pare.

Sabía perfectamente qué se siente al estar en un hospital sin medios.

Y cómo es estar en una UCI.

Y estar sin poder salir de la cama en un mes (¡un mes!).

Y después de ese mes, estar 2 meses más sin salir de un hospital ni los fines de semana (¡2 meses más!).

Y después, 5 meses más saliendo del hospital sólo los fines de semana, y que además esa salida no fuera a mi casa, que se había convertido en un sitio hostil.

Y sabía también, punto por punto, cómo es salir de esa montaña rusa de vivencias y emociones y volver a un mundo que no es el que era, aunque sólo para mí. Para los demás ese mundo sigue girando en la misma dirección y al mismo ritmo.

Así que, lo confieso, creía tener callo. El ser humano es así de gilipollas. Y yo soy muy humana.

soy fuerte en la terraza

Total, que estaba yo subida en el pedestal de mi “yo ya sé lo que es vivir una situación terrible y salir de ella tocada y aún así llevarlo con dignidad”, cuando la cosa con el covid19 se empezó a poner fea. Y tuve miedo. Y me pilló por sorpresa. Veía al bicho en todo y en todos. No tenía miedo de morir. Tenía miedo de sufrir. Miedo no, pánico.

Cuando conoces de primera mano el dolor de verdad, si te dedicas a anticiparlo, estás perdida.

Yo me veía con complicaciones pulmonares, con necesidad de un respirador y sin uno disponible. Me veía sola en un hospital, con personal sanitario desbordado y sin poder atender a mis necesidades especiales por la lesión. Me veía con escaras, inmovilizada de nuevo. Ifema era mi peor pesadilla. Porque yo PODÍA sentir, de verdad, el dolor que todo ello produce.

Para colmo, en el momento más álgido tuve un herpes zóster. Es el virus de la varicela, que se queda en el organismo latente, esperando una buena bajada de las defensas para atacar. Aparecieron unos “granitos con agüilla» en la espalda y, como no siento ni dolor ni picor debajo de la lesión, no me enteré de que estaban hasta que salieron también por la parte delantera del cuerpo. No conseguía hablar con el centro de salud. Estaban saturados. No sabía si acercarme a él (entre otras cosas, por miedo al virus o al panorama que podía encontrarme por allí). Menos mal que Elena, además de una gran amiga, es una gran neuróloga y en cuanto vio las fotos que le envié me diagnosticó y me informó de lo que tenía que hacer para curarlo.

El zoster que vino sin invitación

Eso no ayudó nada a tranquilizar mi espíritu. De verdad que tenía miedo de cualquier mínima lesión. Dejé de hacer algunas cosas sola por si acaso me caía o me hacía daño…

Afortunadamente, por ahora, ese miedo ha pasado. La situación general ha mejorado y ya voy retomando algunas rutinas. Con mil precauciones e inseguridades, pero, como siempre, “to palante”. Incluso haciendo «planes» para el futuro más inmediato, como siempre.

vuelta a la rehabilitación. Hay que aprender a posar con la mascarilla puesta…

Aunque…

Yo, que soy una chica lista, sé que la lesión medular no me va a librar de otras desgracias; puedo sufrir, ¡qué sé yo!, un ictus, un tumor de cualquier clase (o varios), traumatismos, infartos, etcétera, etcétera, etcétera. La lista es larga. Ese es un riesgo que me acompaña siempre, como buena mortal que soy.

Y no quiero vivir con miedo.

Cumplir años hace que cada vez tenga más boletos en la rifa de desgracias, y muchas de ellas, sumadas a la lesión medular, suenan bastante feo.

Pero si anticipo lo malo que puede (o no) venir, dejaré de disfrutar lo bueno que tiene (sí, tiene) el presente. Dejaré de disfrutar de mi gente, de todos esos momentos y cosas que hacen que la vida sea bonita y merezca la pena.

esas videollamadas diarias

Así que creo que toca trabajarse un poquito la terrible costumbre de anticipar, que no me vuelva a pillar desprevenida y sin herramientas para dejarla a un lado y vivir el presente con más calma.

con silla, con mascarilla.. hay cosas que se siguen disfrutando ¡mucho!

10 Respuestas a “MI AMIGO EL MIEDO

  1. Menos mal que el miedo es tu compañero y no tu dueño. Qué valiente es mi hermana!!
    Se te ha olvidado contar que en pleno atasco sanitario te quemaste to’ el labio (no habías reducido tanto las actividades peligrosas)

  2. Que valiente eres hija, pues claro que tienes miedo, como todos hemos tenido y sabiamos como podias estar, pero la vida es así para todos y tenemos que vivir todos los días como si fuera nuestro último dia, que no se te olvide, te quiero

  3. Yo también tuve miedo del herpes zóster después de recibir mi lesión medular. Asi que ni bien pude, me tomé la vacuna para protegerme del virus. Hasta ahora parece que funciona. ¡Sigamos por delante!

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